AL FINAL SE LES VE EL PLUMERO

En boca de todos está la bárbara subida del recibo de la luz. Si ya de por sí es difícil de descifrar el porqué del montante del recibo, menos se entiende el motivo de dicha subida.

Resulta que las compañías generadoras de la electricidad, todas ellas privatizadas, ofertan su energía a Red Eléctrica, empresa que se encarga de distribuir y garantizar la energía y que con vistas a la demanda que prevén sus cálculos, sale a subasta para comprar la energía que le ofrecen las empresas generadoras. Hasta aquí y con un sistema capitalista moderado, lo entendemos.

Lo que pasa es que no es lo mismo generar energía hidráulica, eólica, solar, nuclear o de gas. La más barata es la hidráulica ya que su instalación está harto amortizada. Luego le siguen todas las demás, pero resulta la de gas, como la más cara. No disponemos de gas y por lo tanto hay que comprarlo fuera. Su precio está por las nubes y además tiene que pagar por derechos de emisión de CO2. También lo podemos entender.

Lo que no es de recibo es la vuelta y media de rosca que el capitalismo (ya salvaje) aplica a la compra de toda la energía que le hace falta, a precio de la más cara. Es decir, si para el suministro hace falta comprar además de las baratas y que producimos aquí, energía producida por gas, el precio de todas estará igualado al del gas (la más cara). Y si no hace falta comprar la del gas, pues ya puestos, las otras al mismo precio.

Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. A pagarlo “pebrereta”, el sufrido consumidor.

Y qué hace el Gobierno, pues ni está ni se le espera. Las medidas que dice va a tomar, se han quedado en un vaso de agua para apagar un incendio.

Total, es igual que gobierne la derecha, la central lechera, la izquierda o el susum-corda, aquí el que corta el bacalao y gobierna de todas todas, son las grandes empresas. Con el capital hemos topado. Después ya sabemos cómo funcionan las puertas giratorias.

¿Y la sociedad, qué? Hay que exigir que los servicios esenciales estén socializados. Que podamos de esa forma controlar autogestionadamente nuestros recursos. No podemos jugar con las necesidades básicas de nuestros conciudadanos.

¿Cómo va a poder vivir un ciudadano mileurista (si tiene suerte de trabajar) con los precios de la luz, el alquiler de su vivienda, sus necesidades básicas de alimentación y un largo etcétera, que están recogidos en la Carta Magna?

¿Dónde ha llegado esta sociedad que prefiere tener derecho a una cerveza y mirar a su ombligo, antes de ver la miseria que estamos generando con nuestro ostracismo?

Como decía el clásico: Al final todo se paga.

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