SER FEMINISTA ESTÁ DE MODA

Antes que nada es necesario resaltar que esta reflexión está realizada por un varón. Un varón que consciente de la importancia real de la mujer en la sociedad, intenta que sea un derecho inalienable el reconocimiento de todos sus valores.

Al varón siempre se le ha educado como el responsable del núcleo familiar y como tal el que tiene la última palabra y al que hay que respetar. La mujer, pues eso, a cuidar del marido y de los hijos y a procurar tener el hogar en perfecto estado de revista.

Por su parte la mujer no tenía derecho a sentirse cansada, aunque su jornada laboral solo terminase en las horas dedicadas al sueño, si es que sus ”obligaciones” maritales no eran reclamadas. ¿Y ella qué?, no tenía derecho a nada. Su función reproductiva nada tenía que ver con la sexualidad y el deseo íntimo, algo que podía tacharse de inmoral y pecaminoso.

Por lo tanto el hombre podía y hacía todo a su antojo y la mujer asumía todas sus funciones con resignación. No pasaba de ser una ciudadana de segunda.

Esta realidad que parece  quede lejana en el tiempo, no hace mucho que se daba. De hecho, sigue pasando. ¿Qué es si no, la violencia de género? Pues ni más ni menos que una continuación de lo que le ha pasado siempre a la mujer, la negación a que pueda ejercer totalmente su libertad.

Hay mucho talibán por estos pagos y sin embargo sólo nos fijamos en los del turbante.

Dicho lo dicho, es normal que a toda acción se produzca una reacción. Y hete aquí que aparecen las feministas.

Si nos fijamos en los grupos feministas que aparecen en los medios de comunicación, veremos que la mayoría son radicales. Digamos que su postura es totalmente contraria a la situación que había. Y nos encontramos con que las mujeres, lo que han conseguido ha sido ser trabajadoras independientes, tener acceso a puestos de responsabilidad, que antes les estaba vetado, y por lo tanto han conseguido la libertad laboral que antes adolecían ,¿suficiente?.

Como siempre se dice lo justo está en el término medio. La LIBERTAD que los carlistas proponemos es la que respeta la libertad de los demás. No puede ser que la libertad se consiga a costa de la de los otros.

Lo primero que hay que plantearse es ¿qué queremos para cada uno de nosotros? Seguro que habrá mujeres que querrán vivir independientemente, otras que no querrán asumir las responsabilidades, que conlleva traer hijos al mundo, otras dedicadas al servicio de los demás, también a compartir su vida en pareja, y muchísimas otras actitudes respetuosos y admitidas por el resto de la sociedad. Y he aquí, el meollo de todo. RESPETAD@S por la sociedad. Sin IMPOSICIONES de ningún tipo, ni siquiera asumidas.

Las relaciones primarias del individuo, son aquellas que se forjan del yo contigo o con vosotros. Desde la posible pareja hasta el compañero de actividad. Todo, absolutamente todo, es negociable. Desde las tareas a compartir a los gustos individuales.

¿Realmente han conseguido más libertad de la que tenían o lo que han conseguido es ser más esclavas de sus quehaceres? Porque con honrosas excepciones las mujeres siguen ocupándose de los hijos, de su hogar, de que todo esté a punto y ordenado. O sea han cambiado el sometimiento al marido por el acopio de más trabajo. No nos olvidemos de un hecho importante, nadie ha objetado que el cuidado de los padres o familiares está asignado sin decirlo nadie a la hija. El hijo no entra en el juego, si hay una hermana. Otra tarea más a añadir.

La liberación de la mujer no va por ahí. La liberación tiene que ser de la persona, sea hombre o mujer. Evidentemente un hombre no puede traer niños al mundo ni alimentarlos de forma natural, como tampoco una mujer puede tener la fuerza física que tiene el hombre para poder realizar ciertas tareas. Pero todo lo demás es negociable y se debe compartir.

La sociedad primaria es la pareja o la convivencia del uno con los demás. Y esa sociedad es la que luego se va plasmando en sus diferentes escalones.

Si cada miembro de la pareja acepta las ventajas y los inconvenientes del otro, lo asume y lo respeta, con total libertad, estaremos consolidando una sociedad más justa, más solidaria y más libre. Si los miembros de esa pareja no se respetan y prima el yo más que el tú, tendremos implantado un egoísmo que luego se trasladará a esa sociedad.

Un ejemplo claro son la mayoría de parejas actuales. Se conocen se gustan y de inmediato deciden vivir juntos, al poco tiempo se separan. ¿Qué ha pasado? Simplemente que no han llegado a conocerse y cuando les ha tocado convivir ha salido todo lo que les separaba. ¿Pero no se gustaban? Es posible que en lugar de limar asperezas de aceptar sus defectos, han optado por lo fácil, el egoísmo. Ninguno de los dos ha puesto de su parte para asumir los defectos del otro y al mismo tiempo intentar corregir los propios para poderse acomodar.

Lo mismo podemos decir del individu@ solitari@ en su relación con los demás.

¿Hace falta trasladar ese caldo de cultivo a la sociedad actual, fiel reflejo de esas sociedades primarias? Pues eso.

El grave problema del feminismo actual, es que invierte los términos dando mayor protagonismo a la mujer que al hombre. Por supuesto que la mujer como parte individual en y de la sociedad puede desarrollar todos sus derechos y libertades, pero hablamos de algo necesario y complementario, la relación que en igualdad deben tener entre sí hombres y mujeres

Como Partido podemos hablar de Socialismo, de Autogestión incluso de Confederalismo, pero si no cambiamos el modelo de convivencia en esa sociedad primaria, difícil será conseguir esos objetivos.

Continuamos día tras día con víctimas de género, ¿hasta cuándo? ¿Por qué no se ataja el problema de una vez por todas? ¿Es que es más complicado  hacerle frente como en su día se le hizo a la ETA o al independentismo catalán? O será que no nos importa que vayan cayendo las mujeres, y estemos convencidos que al fin y a la postre son de otro nivel más bajo que el de los hombres.

Miles de años de superioridad impuesta no se borran de un plumazo, hace falta voluntad de las partes y en el dialogo, no en la nueva imposición está el único camino.

Por lo tanto, hay que ser feministas, en el sentido de que la participación en la sociedad y en la vida cotidiana deben ser iguales los hombres y las mujeres.

Nosotros los carlistas lo hemos tenido siempre claro.

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